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Soy serio como pocos.
Infinitamente mesurado,
de palabras breves
y templada euforia.
Que bien es cierto,
a veces
no atino a ver la orilla,
ni a pisar a tiempo el freno,
ni a cortar el sano cuello
para salvar el juicio,
ni a confiar en la palabra
todonosinadanunca,
ni a saber la hora precisa.
Pero soy serio cuando digo,
por ejemplo:
El mundo empieza cuando la lluvia
cae sobre la cara del desierto.
Se termina en tu mirada
que ve llover y ríe.
Pero luego, sólo queda
la flor de tu nopal
y lo duro de mi espina.
Bien mirado,
el desierto no absorbe
sino coge y luego chupa lo llovido.
Mejor mírame a los ojos
y ríe,
llora y ríe,
y llueve,
y mójame el terruño.
Soy serio,
no hay aquí doblez ni disimulo:
El mundo comienza en la grieta
y se termina en la gota de sudor.
Lo sabemos, nos miramos,
nos reímos.
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