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sin cansancio,
desconfiado de todo
lo que se ve y se palpa,
atado a la tierra, como un árbol,
la mirada enraizada
los oídos mecidos
hecho a la medida de la noche
derramada
los amaneceres a plena luna
sin comienzo,
mentido pájaro en fuga
embriagado de sol y de marea,
la sangre ensimismada
los poros abiertos
herido por el canto de gaviotas
sin saber por qué
obligado a hacer la paz
en cada lucha diaria,
esperante
sin más pena que la vida
ni gloria que morirla
dando vueltas
atraído por el agua como la oscuridad al pozo,
hecho a modo de la arena
con la piel quemada
habitado por cangrejos
picado para dar huevos y larvas
aturdido por el ruido incesante de la espuma
orillado al marasmo asido al tiempo asiduo
ceñido a la cadencia encadenada,
anclado al fondo
como una barca vieja
condenado a buscar el pez de cada día
sin mañana,
los labios salados
sin poder decir palabra,
el pecho cargado
deseante
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