Como el río que pasa, pasa el tiempo.
Cae como si cae la noche, la fruta
madura, el grano perfecto de la sal
que da razón de ser a lo vivido.
Es el tenue suspenso de un segundo
que ablanda la coraza de la piedra
y esculpe la sustancia de la vida,
en un botón a un tiempo suspendido.
Es el juego infinito de la espera
minuto por minuto, hasta excederse
en un grano de arena incandescente.
Era que dura la ingenua eternidad
de un día, luego se sosiega, y es
camino del morir hasta la muerte.
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